Virgen de las Nieves

El contrato para la elaboración de la Virgen se firma en Sevilla el 12 de octubre, festividad del Pilar de 1980. Se acuerda la realización en madera de pino, de una imagen de las llamadas de candelero que representa a la Virgen Dolorosa, de aproximadamente 1m 60 cm de altura y con mirada frontal. La entrega de la imagen se realizó el 2 de abril de 1981, festividad de San Francisco de Paula y es bendecida sólo 11 días más tarde, el Lunes Santo 13 de abril de 1981 en el Convento de Santa Clara, por el Reverendo Párroco de Santa María La Mayor de Alcaudete (Jaén): D. Francisco Gil Morote, siendo los Padrinos: D. Eduardo Ruiz Ruiz y Dª. Eulalia Caño Sánchez que habían donado la imagen a la Hermandad. Como testigos estuvieron el resto de hermanos fundadores y los representantes de la Cofradía de la Virgen de la Fuensanta y resto de Cofradías de penitencia de Alcaudete, como queda reflejada en el acta que la secretaria Carmen Vallejo Ruiz redacta al respecto.

La imagen de la Virgen se ajustaba en gran medida a lo acordado y sobre todo se ajustaba mucho al cometido que de ella se quería. Una Dolorosa bajo palio. Su conformación sobre un candelero ovalado de ocho listones, presentaba una posición frontal de la cabeza y las manos extendidas. El rostro mostraba la boca entreabierta dejando ver un gran trabajo de talla en los dientes superiores y en el marcado de la lengua. Todo ello rematado al más puro estilo barroco sevillano con ojos de cristal, pestañas postizas y las consabidas tres lágrimas de cristal (2 en la mejilla derecha y 1 en la izquierda), en fin, algo propio de su autor. Un catalán al gusto sevillano.

Y así, entre alegrías y contratiempos, llegó el Jueves Santo 31 de Marzo de 1983. Aquel día por vez primera iba a salir en estación de penitencia la Imagen de Nuestra Señora de las Nieves. El trabajo se había hecho bien y tenía sus frutos, había 120 mujeres preparadas para acompañar a Nuestra Señora en silencio ejemplarizante por las calles de Alcaudete. Se había preparado el antiguo trono de la Expiración al que se siembra de claveles y sobre el que se coloca una candelería (por llamarlo de alguna manera) que a su vez es sembrada de velas. Las limitaciones del trono se tapan con más cantidad de claveles y velas. Para vestir a la Virgen se desplazó desde Sevilla D. Fernando Vigil Flores, de la Hermandad de la Buena Muerte de la capital hispalense. La Virgen lució una saya bordada por Antonia Pérez Granados basándose en un diseño del sevillano Garduño Navas. Dentro sus posibilidades la Hermandad “echó el resto”; lo mejor para Nuestra Señora .

Así, a las diez de la noche se abrió la puerta del convento de Jesús y María y dos largas filas de blancas nazarenas aceptaban el reto de aquellos que andaban escasos de fe en ellas. Poco más tarde la cabeza de la procesión en silencio absoluto, ganó la plaza y tras ella más hermosa que nunca, la Imagen de Nuestra Señora de las Nieves emergía entre un campo de claveles blancos roto por un río en forma de M, formado por claveles de rosa pálido. El público se contagió del silencio de nuestras nazarenas y contribuyeron a crear una de las estaciones de penitencia más hermosas.

La advocación de Nuestra Señora de las Nieves

Mossén Francesc Espinar i Comas
Párroco de San Juan Bautista de Santa Coloma de Gramenet

Si bien es cierto que la advocación de Nuestra señora de las Nieves no es muy común en Hermandades de Semana Santa, no es menos cierto que es de las primeras fiestas mariana que celebró la cristiandad, parece ser que fue la segunda después de Santa María, Madre de Dios (1 de Enero).

Dice la tradición que en el Siglo IV d.c vivía en Roma una piadosa pareja. Él se llamaba Juan Patricio, desconociéndose el nombre de la mujer. Habían sido bendecidos con abundancia de bienes y también de fe. Sin embargo, su gran dolor era no tener hijos con los que pudieran compartir sus dones. Durante años habían rezado por un hijo y heredero. En esta situación pasaron muchos años sin ningún resultado. Por fin decidieron nombrar como heredera a la Santísima Virgen y le rezaron con devoción para que los guiara en la asignación de la herencia.

Nuestra Señora les agradeció sobremanera y la noche del 4 de agosto del año 352. se le apareció a Juan Patricio y a su esposa, diciéndoles que deseaba que construyeran una basílica en el Monte Esquilino (una de las siete colinas de Roma), en el punto preciso que ella señalaría con una nevada. También se le apareció al Papa Liberio con el mismo mensaje. En la mañana siguiente, el 5 de agosto, mientras brillaba el sol en pleno verano, la ciudad quedó sorprendida al ver un terreno nevado en el Monte Esquilino. En Roma casi nunca nieva y mucho menos en el mes de agosto. La pareja, feliz, se apresuró al lugar y el Papa Liberio marchó hacia el mismo en solemne procesión. La nieve cubrió exactamente el espacio que debía ser utilizado para la basílica y desapareció una vez señalado el lugar. Pronto se construyó la Basílica de Santa María La Mayor. Cuenta la tradición que fue el propio Papa Liberio quien dio el primer golpe de pico.

Y de allí salió la devoción a la Virgen de las Nieves. En su honor, muchas mujeres en el mundo llevan el nombre de Nieves. Es una de las cuatro Basílicas mayores de Roma, junto con la de San Pedro, la de San Pablo y la de San Juan. Los católicos han tenido siempre mucha veneración por la Basílica de Santa María la Mayor, por haber sido el primer templo dedicado a Nuestra Señora en Roma, y porque la antigua leyenda de las nieves que cayeron en el sitio donde iba a ser construida, recuerda a los fieles que cuando lleguen los ardores de las pasiones y el fuego de las adversidades, la Madre de Dios puede traer desde el cielo las nieves de las bendiciones divinas que apaguen las llamas de nuestras malas inclinaciones y calmen la sed de los que ansían tener paz, santidad y salvación.

Alcaudete (Jaén)