Manolo Collado

Escrito del Padre Manolo Collado, natural de Alcaudete, misionero de la Consolata, muy unido a nuestra Hermandad, ya que siempre que sus obligaciones misioneras se lo permitían acompañaba a nuestras Imágenes en la procesión del Jueves Santo y era un referente obligado y un apoyo moral para la Hermandad. Dios se lo llevó muy joven y en este escrito él reflexiona sobre la muerte.

Hay muertes y… muertes

La muerte no fue una catástrofe que sobreviniera repentinamente en la vida de Cristo. Su mensaje, su vida y su muerte forman una profunda unidad. La muerte violenta viene de algún modo supuesta en las exigencias de su predicación. Jesús murió así porque vivió de la manera que vivió, enfrentado completamente a los poderes legalmente constituidos.

Manolo Collado

El mundo puede usar y abusar de la religión para, en nombre de Dios, tener bien amarrado al hombre. Pero Dios no quiere amarrar, sino liberar. Por eso, si Jesús viene en nombre de Dios, (como lo entonaremos, en estos días, en la procesión de la bendición de los ramos: ¡Hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor…! ¡Hosanna en el cielo!) a anunciar una liberación total, el sistema lo considerará blasfemo (Mc.2,6) loco y enajenado (Jn.10,20), impostor (Mt.27,63).

La religión puede liberar al hombre cuando es verdadera, pero puede esclavizarlo aún más cuando se abusa de ella. Puede hacer el mejor de los bienes, pero también el peor de los males.
La guerra que en estos días se ha emprendido contra Iraq y tantos otros conflictos armados de carácter internacional y nacional que mayoritariamente se silencian a la opinión pública como: Argelia, Sahara, Costa de Marfil, Liberia, Nigeria,Ruanda Burundi, Congo, Sudán, Eritrea, Unión de Myanmar, Chechenia, Azerbaiján, Kurdistán, Afganistán, Camboya, Vietnán… Son en muchas ocasiones motivadas por este demoníaco fanatismo religioso y para defender importantes objetivos estratégicos económicos y militares.

Se necesita plantar cara a la masiva manipulación de la opinión pública que, destacando un conflicto, silencia, oculta y tergiversa las noticias sobre los demás incriminando a unos y exculpando a otros cínicamente.

Pero existe aún una guerra más grave y esta está siendo silenciada: LA GUERRA DEL HAMBRE, la mayor de todas la guerras, que asesina silenciosamente a más de 100.000 personas diariamente, de las cuales la mitad son niños. Porque el Hambre no es una desgracia, es una escandalosa injusticia.
En estas fiestas gozosas de la Pascua, en la que celebramos la victoria de Jesucristo sobre el mal y la muerte, pedimos al Dios del amor y de la vida:

“Que triunfe la justicia y la solidaridad sobre el egoísmo y la codicia.
Que triunfe la ternura y la paz sobre la crueldad y la violencia.
Que triunfe la alegría y la amistad sobre la tristeza y la soledad.
Que triunfe la ilusión y la esperanza sobre el desencanto y la desesperanza.
Que triunfe la oración y la fe sobre la autosuficiencia y la increencia.
Que triunfe el amor y la vida sobre el odio y la muerte”.

P. Manolo Collado Granados

Alcaudete (Jaén)