Fundador

Algunos de sus escritos:

 

In memoriam de Eduardo Ruiz Ruiz

Por Reyes Ruiz Caño

Fue su sueño, el sueño de Eduardo Ruiz, mi padre. ¡Qué pocas personas consiguen realizar sus ilusiones. Aunque él se nos fue antes de ver a su Virgen bajo palio, siempre supo que su sueño era también el de ese grupo de personas que iniciaron con él esa maravillosa locura, que fue darle forma a nuestra Hermandad.

Eduardo nació en Alcaudete el 21 de enero de 1924, el cuarto de nueve hermanos. Muy pronto se quedaron sin padre y fue su madre Feliciana Ruiz, quién tuvo que hacer frente a esa tremenda situación que es sacar adelante a nueve hijos. Visto desde la distancia en el tiempo, lo que yo mas destacaría de mi abuela fue esa capacidad de unión y respeto familiar que supo inculcar a sus hijos y que llega hasta nuestros días a sus nietos ,biznietos y tataranietos. En un cumpleaños de la abuela, donde todos sus hijos y nietos nos reunimos para darle una fiesta, mi padre dedicándole un piropo le daba las gracias por esa familia que ella había conseguido y por esos principios de bondad y nobleza que les había inculcado a todos, y le decía “somos nueve que arrastramos a quinientos”. Si cuento esto es por ilustrar un poco la creencia que mi padre tenía de que la fe y la unión es verdad que mueven montañas. Y la familia… la familia unida que hace frente a cualquier contratiempo y nos da fuerza y seguridad en la vida.

No comprenderíamos a Eduardo si no sabemos la admiración respeto y cariño que tenía hacia su madre. La niña Nieves le decían en su entorno familiar. Y ahora ya sabemos el por qué del nombre de nuestra Virgen de las Nieves.

Mi padre ere un hombre profundamente religioso, con una fe inquebrantable y una fuerza interior contagiosa. La Eucaristía era el pilar que sustentaba su fe y creencias. “A veces necesitamos ponerle cara a Dios y a su Madre, es mas fácil rezar mirando una Imagen o recordándola, nos sentimos mas protegidos si cuando decimos “Dios mío”, se nos viene a la cabeza la cara de un Cristo o una Virgen de nuestra devoción.” Ntra. Señora de la Fuensanta y Ntro. Padre Jesús Nazareno, siempre en su corazón.

Tiempos difíciles de guerra y posguerra marcan su adolescencia y juventud. Pero no pierde la alegría de vivir, con esos coros de villancicos en Santa María, y los amigos y las novietas. Muy joven conoce a la que más tarde sería su mujer Eulalia Caño, su compañera de vida, siempre a su lado hasta el final.

Después, la emigración del pueblo, hay que buscarse la vida. Es su hermana Sacramento, la mayor, la que ya casada e instalada en Sevilla tira de él. No hay más remedio que adaptarse, el trabajo manda. Funcionario civil del Estado al servicio de la administración militar, hasta el final de sus días (es en su mesa de trabajo donde el corazón le flaquea), cuántos buenos compañeros y amigos en su trayecto profesional.

A mi padre le encantaba Sevilla toda, sus jardines, su centro histórico, la manera de hacer de sus gentes ….y su Semana Santa, que vivió siendo hermano de la Hermandad de los Estudiantes, con momentos intensos, como cuando tuvo en sus brazos al Señor de la Buena Muerte (talla de Martínez Montañés) que ayudó a bajar de la Cruz, para su restauración. Pero no nos confundamos, él no cambiaba la de su pueblo por nada en el mundo. Viernes Santo en Alcaudete y Nuestro Padre Jesús Nazareno, a quien por devoción y tradición familiar llevaba en los genes. Pero le gustaba también el estilo sevillano de los pasos, su ornamentación y la forma de vestir a las Imágenes.

Pero Alcaudete era su pueblo, sus raíces, esas raíces que nadie debería perder nunca. Cómo sería ese sentimiento y como lo transmitía que yo, que soy nacida en Sevilla, cuando alguien me pregunta de dónde soy digo que de Alcaudete, porque ahí está el principio de mi familia y de mi historia, que uno siempre tiene que saber de dónde viene.

Los principios son siempre difíciles y esta empresa no iba a ser menos, pero mi padre, una vez que tuvo claro lo que quería estaba feliz, solo veía el resultado final, y así lo planteó contagiando su seguridad y entusiasmo a esos primerísimos “cofundadores”. José Antonio Ruiz sabe mucho de eso, que se convirtió en una extensión de mi padre, y la que entonces era su novia y ahora su mujer, Carmen, y cuántos otros… ¡Aquellas conversaciones en la casa de mis abuelos, en la Puerta del Sol!.Ilusiones, proyectos, idas y venidas en busca de unos y otros , y la Iglesia, “con la Iglesia hemos topado” (respetuosamente, claro), y cambios, sofocones y alegrías. Y los primeros hermanos… ¡Reyes ya somos tantos…!

Los problemas, que algunos hubo y que más que problemas, era lo complicado de coordinar tantas facetas como tiene una hermandad, los vivía mi padre con un optimismo increíble, porque sabía que formaban parte del proyecto, porque si algo caracterizaba a mi padre, era la fe en lo que se proponía y la confianza en las personas que lo rodeaban, porque evidentemente sin el apoyo y el trabajo de ellas no hubiera sido posible la hazaña.

Y la Virgen. ¡Cuántas visitas al taller de D. José! Si la emoción y la ilusión tienen cara, esa era la de mi padre, viendo como poco a poco su Virgen se convertía en realidad. Esa primera estación de penitencia… -“!ahí quedó, papá!” Que esto tú ya no lo controlas, que es la fe de tu pueblo la que manda… 25 años ya, y van para 17 Jueves Santos sin tu presencia, presidiendo báculo en mano y lleno de orgullo a tu Hermandad.

No quiero mencionar nombres porque se me quedarían un montón en el tintero, pero no tengo más remedio que recordar a Antoñita, a mi padre le parecía un sueño ese manto maravilloso que bordó, o aquel minipregón, que a mi padre le pareció un pregonazo que Manolo Zamora dijo en Barcelona ¡en Barcelona! Ahí es nada ese grupo de cofrades en la distancia.

Y el Cautivo, que la Virgen no puede ir sola. Otra vez al taller de D. José, otra vez los nervios y la alegría de ver que sí, que sí va saliendo todo según lo previsto. Y qué orgullo que sea Paco Ruiz, su hermano, el que se ofrece para realizar el paso-Cristo. Lo que para nosotros no estaba previsto, es que la primera salida procesional del Cautivo, fuera la última de mi padre, “los renglones torcidos de Dios”, que decía mi prima Ana en su pregón de la Hermandad.

Ese Jueves Santo fué muy especial para nosotros, mi abuelo, su suegro, murió esa noche en su casa de la Puerta del Sol, por eso mi padre sólo pudo acompañar a la procesión hasta la plaza, lo justo para ver como Alcaudete acogía a su nueva Imagen, portada por costaleros, impresionante Cautivo, la plaza llena de túnicas blancas y la Virgen de las Nieves. Y un último abrazo emocionado a su hermano Antonio en la esquina de la calle Llana – “qué cosa más grande has hecho Eduardo”.

Un mes después, estando ya hospitalizado, le llegó la carta con la aprobación por el obispado de los Estatutos de la Hermandad, “ya me puedo morir tranquilo” le dijo a mi madre, “y qué alegría que a la Hermandad más antigua, la de Nuestro. Padre Jesús, con mi hermano Antonio presidente, y a la mas joven, presidiéndola yo, les hayan aprobado al mismo tiempo los Estatutos”.

Qué orgulloso estaba mi padre, pero orgullo del bueno, de toda la gente que hacía posible que la Hermandad estuviera en la calle, de los hermanos cofrades, de las nazarenas, de los costaleros….de sus nietos que no abrían la boca hasta que la cofradía se encerraba. Porque la seriedad y la disciplina tenían que ser una de las características de la Hermandad. Mi padre estaba convencido de la necesidad de sacar las Imágenes a la calle en procesión, “aunque una sola persona se acerque a Dios, por la emoción de ver a María o a su Hijo, es suficiente motivo para una Hermandad”.

Y la vida de Hermandad, “que ésta tiene que ser un lugar de encuentro y convivencia entre los hermanos y los que no lo son, no debe ser solamente el Jueves Santo nuestro objetivo, hay que aprovechar el tirón que tiene una Hermandad para organizar otras actividades”.

Esta semblanza de mi padre no estaría completa si no hablo de su mujer, Eulalia. Desde los 13 o 14 años que estaban tonteando hasta que se casaron, toda una vida juntos, en lo bueno y en lo malo, en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte los separó. Portadora de la bandera de la procesión desde el primer año, hasta que toma el relevo del báculo de mi padre.- “Pero Eduardo, en que lío te vas a meter, piénsalo bien, que es mucho trabajo, que…” Las lógicas dudas y miedos ante semejante idea. Y la aceptación, no hay más que hablar, que él lo tiene claro por mucho que le proteste. Así es que codo con codo desde el principio, camarera de la Virgen y nazarena hasta que ELLA quiera.

Es en la primavera de 1988 cuando mi padre fallece. Sólo han pasado ocho años desde que fundó nuestra Hermandad. No ha podido ver ni disfrutar de tantas cosas nuevas como se han ido consiguiendo: las costaleras, el palio, el Cautivo nuevo, la banda , la caseta de feria, la casa de Hermandad, los preciosos pregones …y mil cosas más. Pero él está presente en cada decisión que se toma, en cada Junta, en cada conversación entre hermanos. Él nos inspira y nos guía y seguimos viendo su huella en todo, porque la fe, la alegría, la ilusión y el amor que ponía y que nos transmitió, sigue entre nosotros y no desaparecerá nunca.

Alcaudete (Jaén)